Se me ha parado el reloj

Anoche mi pecho ya lo sabía. Mi todo llevaba tiempo avisándome de que esto podía pasar. Por una vez, una sola vez, cuarentena rimaba con Cuaresma, y lo hacía como tienen que rimar los versos…

Anoche no hubo recorte de acreditaciones ni sabemos si “usted está aquí”. Perder el rumbo es difícil cuando todos los caminos te llevan a Él y a su ritmo, a lo que Él marca, como Él lo quiere…

El despertar no ha sido complicado; todas las horas han sido iguales porque hoy mi túnica se queda guardada.

Todas las horas marcadas en un papel, grabadas en mi mente y en mi pecho.

Hoy las lágrimas no tienen horario y caerán cuando ella quieran, cuando Ellos quieran…

¡Qué duro es decir un Viernes Santo que se para el reloj para este que os escribe! Pues así es.

Hoy es Viernes Santo y no se repartirá la cera. Hoy no habrá minúsculas túnicas con bolsillos llenos de caramelos por Castilla y Triana no tendrá que despedir a su Cachorro.

Hoy es Viernes Santo y todos los rituales personales se guardan. Los walkies andan sin batería, la comunicación será solo entre Tú y yo y no se enterará nadie de lo que te diga.

Hoy, hoy es Viernes Santo y no lo parece, lo sentimos pero no lo vemos. Hoy no habrá Basílica inundada de capas blancas aunque el nudo cíngulo aprieta, pero en la garganta…

Viernes Santo sin horario, tan solo el que dicte mi pecho con el corretear de latidos entre tus tramos.

(Sabía yo que no sería capaz de escribir esto de una vez…)

Ya cayeron algunas y como os decía, sin horario establecido…

‘A flor de piel’ se dice que están los sentimientos cuando estamos a punto de desbordarnos y esa última gota de cera se convierte en la primera que se desliza por la mejilla del cirio cuando cae la noche. ¿Quién fuera ahora mismo cirio de un tramo cualquiera de tu Cofradía, y con un simple clavel poder apagar mi pena al cruzar el dintel?

Hoy, Viernes Santo, será un día sin horas, sin minutos ni segundos. Hoy el reloj solo marcará latidos. No veremos las 15:45 porque hoy no se abren las Puertas del Paraíso. Hoy no sacaremos los niños por delante, al paso de nuestra Cruz de Guía. Hoy no sonarán marchas que te hacen mirar para atrás y reconocer el minuto exacto y las coordenadas de siempre. Hoy, -o mejor dicho, mañana- no darán las 2:45 y todos nuestros corazones impulsarán el aliento de “eah, otro año más”. Este año no es “otro año más” por mucho que lo intentemos…

¿Viernes Santo? Sí, rotundo, aunque tan frágil como nosotros…

Viernes Santo en Triana y el cirio negro de todos esos nuestros mayores seguirán derramando lágrimas de impotencia.

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