Moraleja

Pasadas unas horas, tampoco muchas que el coco sigue dándole vueltas y vueltas a nuestra realidad mientras el pecho aún continúa latiendo de manera desenfrenada trazando largos en la piscina con menos agua en la que posiblemente jamás se haya bañado, me siento ante ti, arrugado papel para que juntos consigamos escribir esta moraleja.

“Son mañanas de malas sensaciones, de un vacío continuo que te siguen llevando a ningún lado. Mañana de Sábado Santo…”, escribo con trazos negros en mi cuaderno ya no en blanco.

Por momentos me detengo a pensar lo que os quiero trasmitir y no reconozco mi cuerpo; piscina vacía donde sigo batiendo records porque ayer no llovió. Y sin una gota de agua, no veo mi capa con goterones de mis colores preferidos, ni siquiera a ella, los que dibujo desde pequeño a mano alzada entre esas filas eternas que conforman la serpiente bendita de tus tramos.

“Párate Juanma” me digo, “ordénate”… “me dices que no llovió, vale, y también me cuentas que no tienes la capa manchada. No lo entiendo…

Así, así amanece mis pensamientos, perdidos, vacíos en un cuerpo sin dolores pero sin embargo agotado porque sigue agitado y agitando. ¡Ay, cabecita!”

Solo han pasado escasas horas de que todo haya concluido sin comenzar, cuando el pistoletazo de salida está a punto de estallar en unas benditas manos que aunque no rozaron cielo trianero, siguen manejando los hilos de esa nuestra realidad a la que mi coco sigue dándole vueltas y más vueltas. Con suerte la noria se detendrá por sí sola y borrachos de crudeza y realismo pongamos los dos pies en el suelo.

Escasas horas han pasado y mi oído izquierdo me muestra, de manera muy simple, que algo sí ha pasado, que mi yo sí ha vivido hasta casi la extenuación la experiencia. Te oigo de diferente manera, como si no estuviéramos conectados en la misma frecuencia en aquel viejo transistor de un solo pinganillo y una constante interferencia quisiera apoderarse de mi todo y decirle que ha ocurrido lo no sentido, lo no vivido aun padeciéndolo, aun habiéndome arrancando el corazón del pecho y devuelto lleno de vacío.

Mañana de Sábado Santo de acentuadas marcas psíquicas, de sentirte mejor persona siendo la misma que devora en su día a día.

Mañana de Sábado Santo esta en la que el silencio se sigue apoderando del estruendo de los recuerdos de aquel redoblar de tambor imposible, de aquel solo de corneta que te vaticina una chicotá larga llena de trabajo en ambos sentidos, del griterío que te rodea y de unos oídos agotados que no paran de recibir información que tienes que transformar en bonitas y resolutas palabras para que los hechos sean aún mejores. Y todo, ya. El tiempo, tu fiel compañero, tu fiel enemigo…

Mañana la de hoy para reflexionar desde el cansancio mental, para pararse a sentir, para pararse simplemente. ¿Qué estamos haciendo mal? Tal vez acabara antes diciendo lo que bien…

¿Somos, soy consciente, de todo lo que tengo? Tenencia que no posesión porque nada es mío salvo los logros personales efímeros de una agenda llena que depositaremos en el estante de la historia para nunca más abrirla. La respuesta está escrita sin llegar aún a ese renglón con mi lápiz…

Moraleja con la retórica sencilla que cualquier ligera brisa se llevará sin mucho esfuerzo y mientras, aquí sigo terminando de escribirte.

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