Entrevistamos a Manuel Jesús Roldán

Segunda entrevista que llega a nuestras líneas. Colaboración muy especial que nos hace especial ilusión por muchos motivos que resumiremos en uno: Manuel Jesús Roldán.

1. Cuéntenos cómo fue trabajar con Fran Silva en la elaboración de esa maravillosa obra llamada MONTAÑÉS.

Un lujo. Sin las ojanas propias de nuestra tierra. La cercanía al Señor de Pasión, que tanto nos une, con sus fotos en las que le saca el alma a la imagen de Montañés. Tuvimos la suerte de tenerlo muy cerca durante toda la grabación del documental Montañés, IV Centenario, una gran obra audiovisual de Antonio Casado. Y la suerte de visitar en solitario conventos como el de Santa Paula o el de Santa Ana. Y la extraña sensación de entrar en un Museo de Bellas Artes vacío para que estar ante el relieve de San Juan en la Tina, una obra que por entonces no se exponía. Y también de disfrutar el retablo de San Isidoro del Campo para nosotros solos, fuera del horario del público. La idea era crear un libro bello. Hecho por dos amigos y cómplices. Que perdurara, más allá de nuevas aportaciones documentales, por su presencia. Mi regalo para mi hermandad de Pasión y mi modesto agradecimiento al Señor al que se llega por la comprensión de la belleza.

2. ¿Cómo definiría Sevilla desde una pintura y su autor?

He estado a punto de decir Murillo, pero creo que Sevilla se puede definir también a través de Velázquez. La historiografía centralista se empeña en definirlo como un autor ¿madrileño? Entraría más en esa imagen del sevillano fino y frío, ese Romero Murube que alcanza a sintetizar la esencialidad de lo que tiene delante. El sevillano también es así, sabe sacar lo mejor de cada momento, no tiene por qué estar siempre demostrando esa alegría superficial que nos atribuyeron los viajeros del siglo XIX y que hoy nos atribuyen los informativos televisivos hechos desde Madrid. Velázquez sabe captar las sombras y sabe captar la luz. Qué mejor definición. Sabe captar el instante de una vieja que fríe huevos. Sabe captar los mejor de cada edad en torno a la copa de un aguador. Llega a ver el rostro de la Virgen en la cara de sus serees cercanos. Sabe captar la atmósfera de una estancia de palacio en torno a las Meninas. Y Sevilla es una ciudad de instantes que hay que aprender a captar. No es tarea fácil, como tampoco es fácil la lectura de la pintura velazqueña. Don Diego sigue siendo, ocasiones, incomprendido. Como buen sevillano… Lo imagino correcto, ensimismado en sus ideas, elegante, sabedor de sus capacidades, enamorado de la belleza, antes profundo que superficial, con una vida interior difícil de acceder… todas son características que podrían definir a la ciudad. Las carcasas superficiales quedan para las postales. Por ponerle un defecto, un autor que busco borrar parte de su pasado en algún momento de su vida: algo muy sevillano, desagraciadamente.

3. Si tuviera que quedarse con una de esas ‘Historias de la Semana Santa que nunca se contaron, ¿con cuál se quedaría?

Me es ciertamente difícil. Ojeo el libro y recuerdo con mucho cariño aquella crónica de 1923 en la que el periodista Corrochano narraba esa pelea entre los armaos y un chaval que los insultaba, o esa pelea con el saetero que confundía a la Esperanza de Triana con la Macarena. Creo que hay millones de historias por contar siempre. De los últimos años, por cercana, me parece curiosa aquella de dos nazarenos muy jóvenes de mi hermandad de los Javieres, salían por primera vez dentro del programa de apoyo de Fraternitas, la cofradía no salió por lluvia y ellos, sin preguntar a nadie, emprendieron su camino de regreso a las Tres Mil Viviendas… Imagino es larguísimo paseo lleno de interrogantes camino de un barrio tan poco conocido por la ciudad y me imagino que la Semana Santa se hace realidad en cualquier rincón.

4. ¿Cómo ha vivido este año la Semana Santa?

Con tremenda extrañeza. Con sensación de vacío, de ausencias. Evidentemente, la Semana Santa es mucho más que procesiones, pero la de Sevilla tiene procesiones para su total comprensión. Y calle. Y público. Y emoción externa. Intenté vivirla de forma interior, además las circunstancias obligaban y elementos como la lectura de los Evangelios se hicieron auténtica palabra presente. Y comprobé que los videos, las imágenes en pantalla sólo sirven para el recuerdo, para la memoria. Algunos días incluso evité ver nada por televisión, era una especie de sucedáneo descafeinado y atemporal que no me llenaba. Espero que nos sirva para valorar muchas cosas que no valoramos.

5. ¿Piensa que se han perdido o se están perdiendo las tradiciones sevillanas?

No me gusta ser apocalíptico. Las tradiciones evolucionan. Hace dos siglos no existían la Feria y dos siglos no es nada en la historia de una ciudad bimilenaria. Evidentemente hay tradiciones que se mantienen y otras que desaparecen. Esa es la vida. Otra cosa es la pérdida de la personalidad propia en aras de una supuesta globalización. Eso sí que es un peligro, que la ciudad no conserve su personalidad, que se convierta en una sucesión de hoteles lujosos sin alma de tiendas que puedes encontrar en las vías principales de cualquier ciudad del mundo, de bares con paellas ultracongeladas que son propias de Magalluf o de niños que se vistan en Hallowen de monstruos varios pero que no conozcan las leyendas de Bécquer. Esa identidad sí se está perdiendo y puede convertir a la ciudad en los que nunca fue, un lugar vulgar y repetido.

6. ¿Qué le falta por escribir sobre la ciudad de Sevilla?

Todo. Recuerdo que hice la guía de las Iglesias de Sevilla por una propuesta de los dueños de Librería Céfiro: está por hacer… era la idea. Y estaba por hacer una guía de los conventos y una historia breve de la ciudad, y una Historia de la Semana Santa… Tantas cosas. Personalmente me gustaría reivindicar el papel de muchos artistas de todos los tiempos y tejer una especie de mapa que sitúe a la ciudad como centro artístico de primer nivel y no como esa escuela secundaria que proponen los libros del centralismo: Sevilla era capital del mundo cuando Madrid era pueblo. La historia del arte europeo (salvo una mínima presencia del Románico) se podría estudiar aquí. Y creo que hay reivindicar también su creación actual. También me ilusionaría ambientar una novela en Sevilla que superara muchos tópicos del foráneo que cree captar la ciudad en dos visitas de fin de semana.

7. ¿Qué le falta a Sevilla por escribirse a sí misma?

Todo. Con miradas nuevas que no caigan en la autocomplacencia. Con espíritu crítico, pero construyendo. Con una literatura que no mire a la ciudad como un turista que la habita. Con orgullo, pero sin narcisismos almibarados. Tenemos los mejores poetas… pero también los peores. Todo está por hacer y por reescribir

8. ¿Qué tiene Juan de Mesa que no tiene Martínez Montañés?

Técnicamente, nada. Montañés alcanzó la perfección. Aunque Mesa logró en muchas ocasiones una tensión dramática que no tenía Montañés. Pero es que son dos conceptos estéticos diferentes, no se trata de una superación.

9. ¿Qué tiene el Señor de Pasión que no tenga el Señor del Gran Poder?

Son dos conceptos estéticos diferentes para llegar a Dios. La perfección y la humanidad. La belleza platónica y la belleza aristotélica. La perfección de los cielos y la humanidad de los suelos. Dos caminos diferentes. En uno se alcanza a Dios por medio del ideal madurado, de la perfección, de la introspección, de la mirada interior… En el otro se alcanza por la propia imperfección, por la tensión, por la humanidad, por la cercanía. Soy hermano de Pasión, pero vuelvo a ver a Dios cuando cuelgo la túnica y veo el Gran Poder en la calle.

10. ¿Es tan bonito el ombligo de Sevilla?

Es realmente hermoso. Pero en el mundo hay otros muchos ombligos hermosos, de Florencia a Roma, pasando por Lisboa o Estambul. Para disfrutar los ombligos, lo mejor es que no almacenen pelotillas…

11. La palabra rancio, ¿en qué barrio hunde su etimología?

Originalmente en el centro y en el ruan… Pero es un concepto más amplio, cuando comenzó a bromear Paco Robles con el término era un hallazgo sobre un ser de la ciudad, cuando se masificado su uso se ha llegado a tergiversar como emblema casi publicitario. Y no era eso. Lo rancio incluía una mirada comprensiva y humorística sobre una peculiar característica de la ciudad que, con el tiempo se ha acabado deformando. Pero ahí está , sin postureos impostados, el concepto original de lo rancio debería ser motivo de orgullo para el sevillano. El uso posterior me parece que ha acabado incluso haciendo daño a la ciudad, creando “miarmeos” discutibles

12. ¿Es ‘El Tremendo’ el verdadero Sancta santorum de esta ciudad?

No me atrevería a tanto, hay algunos más, pero siempre hay que reivindicar sus esencias personales. Son la verdadera identidad de la ciudad, esa que el turista no ha alcanzado a colonizar. El día que lo haga, la ciudad ya será irreconocible

13. ¿Qué tres cosas de Sevilla se llevaría a una isla desierta?

Una caja de dulces de convento, un barril de cerveza con sus avíos y una estampa de la Macarena … (lo digo sin pensarlo mucho…)

14. Defina tres sombras y tres luces de esta ciudad.

Tres sombras son su propio desconocimiento, su falta de autocrítica y su resignación. Tres luces serían su inmenso patrimonio artístico, su Semana Santa y el amor a la vida del sevillano

15. ¿Cuál es la banda sonora que mejor identifica a la ciudad?

Creo que muchas marchas de Semana Santa definen a la ciudad. La elegancia melancólica de Virgen del Valle es muy sevillana. También el trío de Pasa la Macarena, es una invitación a la emoción de vivir. Pero también el Rezaré de Silvio, una síntesis de la devoción y del rock, nada más y nada menos…

16. ¿Qué cicatriz tiene la ciudad que aún no ha supurado?

Muchas. La destrucción de su patrimonio es una. Lo malo es que es una herida abierta

17. ¿En qué rincón de Sevilla le gustaría amanecer?

En el compás del convento de Santa Paula. O subido al Giraldillo. Tuve la suerte de conocer allí un atardecer. También tuve la suerte de vivir un amanecer en el patio de los Naranjos de la iglesia del Salvador

18. De no existir Sevilla… ¿quién podría crearla?

Sólo la memoria de los que la conocieron podría volver a recrearla. De hecho, muchas veces vivimos de una Sevilla irreal que sólo existe en nuestra memoria. Los experimentos, con gaseosa.

19. ¿A qué le teme Manuel Jesús Roldán?

A la muerte en vida. A no tener proyectos de futuro. A la resignación. A la falta de libertades que cada vez más se nos impone con la excusa de la seguridad. A la mentira dirigida. A una sociedad dirigida por pantallas, y por telepredicadores de cualquier signo político, en la que vivamos en mentiras aceptadas. A la superficialidad del que no piensa para no arriesgar.

20. ¿Ser sevillano es una suerte o es una envidia?

Una bendición. Me gusta salir a correr por la ciudad. Y en mi circuito puedo pasar por la plaza de España, el parque de María Luisa, la catedral, las orillas del río Guadalquivir o las murallas de la Macarena. No tiene precio…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s