Caminando

Un día, mientras caminaba por la calle comencé a mirar a la gente con la que me cruzaba. No recuerdo en qué momento exacto, pero sí que desde entonces no puedo dejar de hacerlo. Y eso que las prisas y mis evasiones terrenales lo hacen cada día más complicado.

Me encanta observar los gestos, la dirección de las miradas, la ausente o desmesurada expresión de las caras y los leves vaivenes de los labios ajenos. 

Trato de no estancarme solo en lo que veo, en la armadura, esa que tantas veces falsea la realidad personal del que la lleva. Hay mucho más y si te fijas bien aflora por encima de todo y enriquece tanto como un conocimiento real.

Callejeo incluso manteniendo conversaciones, cuando hay distancia suficiente o el tiempo decide tomarse un respiro en su largo deambular.

Disfruto con esas miradas que como serpientes me dejan hipnotizado al ritmo de la música de su breve parpadear. Miradas que si serenan sus parpadeos son miradas fijas y penetrantes, que en ocasiones hacen a mis ojos sacar bandera blanca y tocar retirada. Sin poder evitar que queden grabadas en la retina de mi memoria.

Gestos de aprobación o de sumisión yacen en sus caras mientras se debaten las conversaciones más internas, banales o profundas, contra uno mismo o contra el mundo. Rostros helados pese a disfrutar de la mejor de las compañías, bocas tristemente cerradas estando abiertas. Algunas asustadas por expresar su sentir o miedosas por su triste pensar, otras simplemente sin saber que decir.

Labios que se curvan acercándose a unos ojos que disimulan y miran en otra dirección como rehuyendo, pero que vuelven curiosos a su destino único. ¡Qué bonitas sonrisas de ojos!

Sensaciones que me hacen continuar mi camino, a veces alegre y risueño, otras contento y nervioso. Siempre buscando y esperando la siguiente. En ocasiones sigo mirando aún cuando ya ha desaparecido de mi campo de visión, no queriendo olvidar ese maravilloso instante.

Quizás solo camino mirando a mi alrededor para evitar chocarme con lo que me rodea y todo esto sean solo ilusiones mías. 

Por si acaso mira, sonríe y disfruta caminando.

Un comentario

  1. Bonito artículo, la persona lleva reflejado en la cara su situación personal por la que este pasando y, es difícil ocultar, aunque a veces se hacen esfuerzos para ello, pero observando las miradas se sabe mucho de su mundo y siempre aprendemos algo y reflexionamos sobre los demás.

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