El ajedrez de la vida

Tablero preparado, losas blancas y negras recién pulidas cubriendo todo el solar y cada uno en su posición. Un maestro ajedrecista moviendo los hilos y cada cual en el rol que le ha tocado vivir.

Dos son las torres desde donde los alfiles otean los movimientos del estratega mientras, corceles esperan turno para galopar por el tablero. Rey y Reina en sus respectivos tronos.

Peones cumpliendo su misión desde la primera línea de una batalla que han creado los anteriores. Todos tienen definidos sus movimientos y solo sus movimientos. Hasta aquí la normalidad.

Cae el tablero al suelo; el juego de la oca aparece en escena con todos los roles en el solar. Unos resbalan hasta la casilla de la cárcel, otros pierden su turno. Al recuperar el sentido de la vida, las torres se han desmoronado por la caída, los peones siempre fieles se mantienen imperturbables, a pesar de su incredulidad por lo arbitrario del giro. El batallón opuesto avanza estratégicamente convencido sin atender a la casilla de salida. El destino está marcado.

Uno de los alfiles mira de reojo la posición del Rey, no perdiendo detalle de lo que acontece. En ese instante puntual, unos siguen defendiendo sus ideales “de oca en oca” porque era lo que les marcaba su instinto y ese alfil se coloca en una casilla más cercana que no aparece en la receta prescrita por el Maestro, alterando su único movimiento posible. Sombra inadecuada para buscar cobijo. Mala jugada. Rey y Reina, muy capacitados para ello, asumen la realidad de uno de los suyos sintiéndose fuertes y muy bien defendidos.

El hueco dejado a la espalda de dicho alfil es aprovechado con sutil fiereza y se tiñe de un nuevo color confirmándose lo esperado.

Suerte tiene la Realeza de poseer un escuadrón tan valiente y cualificado que, tras un par de movimientos del Maestro Ajedrecista, recuperan la posición de ventaja en el tablero evitando así el Jaque Mate y logrando la victoria final sin necesidad de rubricar las tablas.

No lo olviden: en mal movimiento en el tablero de la vida y te quedas sin Rey, sin Reina y puede que hasta sin el rol que te ha regalado la dicha. Defensas, ataques y mucha estrategia inofensiva ante caídas inesperadas de tu propio tablero.

¿Quieres la revancha?

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