La Comparsa de Juan Carlos

Seguidores muy fieles por toda España, Juan Carlos fue educado para lo que terminó siendo, ni más, ni menos…

Emblema para muchos, cada una de sus palabras era estudiada, seguida y cuidada con mimo y llegaba con sutileza al corazón de esos sus fieles seguidores cada año en su escenario, y en cada ocasión que tenía lugar asistir, deleitando a los suyos con sus intervenciones. Miles de fans se volvían locos al verlo llegar. No dejaba a nadie impasible.

Como todo personaje puntero, a lo largo de su vida tuvo muchos detractores que no comprendían por qué se encontraba tan idolatrado cuando ni siquiera estaba en el lugar que le correspondía. Otros, sin embargo, morían por sus huesos…

Su obra, única y muy prolífera, pasará a la historia, o mejor dicho, ya está siendo historia y debería en un futuro ser analizada en los colegios e institutos para que todos sepamos quién era realmente Juan Carlos.

Amaba Sevilla, la cual terminó siendo refugio en innumerables ocasiones y seguro que de alguna que otra de sus juergas.

Junto a él desfilaron grandes, los más grandes de su época. Él y sus dones…

Ahora expongo una duda que me come por dentro: ¿comparsa o chirigota?

Sin duda la respuesta es obvia… ¡comparsa! Juan Carlos con sus actos no ha hecho reír a nadie y de ser un personaje más o menos querido por la época que le tocó vivir, sus escarceos amorosos, sus miles de millones repartidos en amigas para pagar sus pasodobles, esas escapadas para asesinar elefantes, el desvío de dinero y el ser impuesto a dedo por el que el nombre tira “patrás”, han hecho del emérito un personaje a estudiar para demostrar que la Monarquía, en pleno siglo XXI solo da derechos a ellos y muy poquitas obligaciones, a cambio de un pastizal.

Juan Carlos era de los que cantaban por arribita y para callar luego tantas bocas… “la parte y media pa mí, y pa ella, y pa ella”…

“Y si dice que sí le reconoceré y si dice que no por favor márchese, y que la historia comience de nuevo…”

Así le escribía Juan Carlos, el que sí es digno de admiración a La Corona que no a la Corinna, aunque el objetivo de sus versos envenenados era el hijo del otro JC, otro que viste y calza… y si no, que la historia continúe.

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