Entre tanto

Piensas que esa es la respuesta buscada, la respuesta a esa pregunta que sin necesidad un día te hiciste y desde entonces te persigue, llegando a adelantarte sin un saludo siquiera. Esa es la respuesta, pero no sabes si la pregunta fue la adecuada y por tanto todo lo que buscabas se tambalea. Entran las dudas, se pierde la magia y huye el encanto. Nada vale.

Transcurre el tiempo y caminas guiado por el éxtasis producido por la gran noticia, por sus posibles consecuencias. Amanecen días soleados, flores de colores brotan a tu alrededor y fluyen ríos que invitan al baño compartido. Tu entorno,en su empuje,aporta más carga anímica al momento. No hay derrota posible.

Al final, en el otro extremo, el desánimo, ese sentir extraño que trata de alterar la realidad. La oscuridad, el frío, el invierno adelantado en pleno otoño, el sudor incómodo de los nervios del momento. Juega con el tiempo, su aliado perfecto.

Dos puntos, dos mundos, cada uno en una esquina opuesta de un cuadrilátero que dibujas en tu mente. No hay más. Ni siquiera tú formas parte de esa pelea, no eres ni juez, solo el público que sufre en cada golpe recibido por ellos, solo eso.

Mientras dura el combate, sientes como pasa el tiempo. Y ahí estás tú, pensando en lo que se escapa, en lo que no depende de ti, en aquello que ya no es protagonista en tu vida. Lo vacío.

Sin darte cuenta que si giras la cabeza y miras al frente, podrás disfrutar plenamente de esa respuesta a la pregunta adecuada.

Entre tanto sonríes, lloras, sufres, amas… y poco a poco vas viviendo tu propia vida.

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