Tus manos..

Cuando tus manos comienzan a deambular por el mapa de mi piel, un repeluco de miradas se entrecruza entre nuestros dedos.

Cuando vagabundeo por mis deseos, te deseo a ti, vagabundeando sobre mi. 

Cuando la locura desata los nervios de tu nombre, me siento como un reo mirando por la ventana a que tu recuerdo se marche sin hacer ruido.

Y cuando todo eso sucede, tus palabras dibujan suavemente susurros sobre el zaguán de mis oídos, y sin darme cuenta, me dejo arrastrar por ti.

Por cada roce con el que borras los miedos del ayer.

Por cada embestida donde siento cabalgar tu sangre trazando aromas de sonrisas.

Por cada mordisco con el que provoco a tus labios y desato una guerra donde siempre pido más, siempre ruego más, siempre necesito más.

Me tocas, y se desatan los escalofríos, los sudores, las ganas de tenerte en mí -dentro de mí-, y sueño con que me hagas de nuevo tuyo bajo el eco de los gemidos.

No sé por qué, pero cuando me atrapas de la cintura, se detiene el tic-tac de mi mundo, se me aceleran los pulsos y se reseca mi boca,… la misma que se está condenando al paraíso de tus besos,… la misma que te busca a gritos por el callejón de la espera..

Deséame. Siénteme. Atrápame. 

Eso grito sin alzar la voz. Con los labios mudos. Con los espejos de mis alcobas reflejados en jadeos.

Y por eso, y sólo por eso, sigo pensando en ti como la mayor de mis torpes corduras.

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