A cada momento

Recuerdo que disfrutaba meditando sentado en cualquier lugar, bajo un árbol, en una plaza o en su cama antes de irse a esperar el día siguiente. Muchos momentos consigo mismo, con largas conversaciones internas con sus preguntas y sus respuestas, con diálogos y sus batallas verbales, siempre acababa derrotado por sí mismo.

Echaba de menos los momentos en los que sobraban las palabras porque todo salía del corazón, tertulias limpias y puras. Días en los que las miradas y los gestos fluían sin dobleces a su alrededor.

Agachaba la mirada mientras intentaba olvidar esos otros momentos en los que por más palabras que se decían nada tenía sentido. Todo era tan enrevesado que la mentira nunca se convertía en verdad y aunque hubiese sido todo cierto nunca llegó a importar.

Entremedio muchos momentos acompañados de palabras sin más, palabras vacías, palabras que fueron escuchadas salteadas y desordenadas en su entendimiento. 

Qué de veces solo se oyeron las menos adecuadas de todas, aunque en su conjunto formaban un gran repertorio de poemas de amor, solo aparecían ellas manchando al resto de sus compañeras. Momentos en los que la sordera del receptor enmudece cualquier atisbo de voz y compañía.

Se lamentaba de las palabras que sonaron con una melodía diferente pese a ser tocadas con los mismos acordes, las que se escuchan de otra manera. Siempre había alguien en cuya boca todo sonaba mejor.

Cuando una buena palabra no sirve, cuando sólo se quiere oír sesgadamente, su voz se convertía en sonido silenciado y hasta molesto.

Ahora, con el tiempo, es consciente que hay palabras que dejaron de tener sentido y que todo lo dicho quedó eclipsado por los hechos.  Ahora ya no vive de palabras ni de mensajes encriptados que  envenenaban la fragilidad de sus sueños.

Se sentó un momento a descansar, un espacio breve de tiempo en su largo día de labores. Y mirándose a sí mismo, se dio cuenta que cuando la buena voluntad es apreciada solo dependiendo de quien venga, la tranquilidad de la noche es su mejor compañía. 

Y ahí sigue…

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