Por primera vez

Noches largas tumbado en la cama, giras a un lado y a otro, te tumbas boca abajo y ya desesperado yaces bocarriba. Sueño que no llega, y que cuando lo hace cualquier insignificante ruido se convierte en el mayor de los estruendos, volviendo a entrar en ese bucle que parece infinito.

Así una y otra vez, y entre esos intervalos de tiempo, microsueños o simples pensamientos antes de dormir. En uno de ellos surge una idea en mi cabeza, que se traslada a imágenes en la pantalla de mi imaginación. 

Imágenes que me llevan a un escenario diferente cada vez. De repente salgo en una cama, soy yo, aunque no recuerdo nada de mi vida. Abro los ojos y no sé quién soy o no sé todo lo que era. He perdido mi memoria, aunque realmente solo la parte que me une sentimentalmente al mundo. No reconozco a nadie, y aunque sé sus nombres y quienes han sido en mi vida, no los siento así.

He olvidado mi primer recuerdo, la primera vez que sentí alegría y fracaso, cuál fue mi primer beso y si mis primeras lágrimas fueron sonriendo o de dolor. ¿Me enamoré algún día o me rompieron el alma tantas veces que me olvidé de amar? Desconozco que es la felicidad, que significa la amistad e incluso lo que se siente al notar el Sol en la cara con los pies sumergidos en arena húmeda.

Quizás sea un regalo y una nueva oportunidad para volver a sentir todo aquello que, aunque ya he vivido, casi no recuerdo. Otra vez a llenar el baúl del sentir, a disfrutar de cada pequeño detalle que antes dejé escapar y que ahora tengo el privilegio de volver a contemplar, de nuevo, partiendo de cero. Nada será igual que antes, pero para mí será mi primera vez, aun sin serlo, la que recordaré.

Que alegría volver a sentir por primera vez, lo bueno y lo malo, reír y llorar sin saber bien por qué, saltar, gritar, caer… pero, ¿y todo lo que había antes? Se ha ido, y aunque tú no lo recuerdes, ni tengas culpa de ello, tu entorno sí lo recuerda y para ellos es su vida contigo, aunque ese recuerdo ya no tiene cabida en tu vida.

Y ahora ¿qué haces?, ¿actúas egoístamente o te dejas llevar? ¿A quién crees? O mejor ¿qué crees y de quién? Se trata de abrir tu alma a la memoria como queriendo volver a sentir aquello que te cuentan. Dentro de todas las historias algunas no serán así y quizás nunca lo fueron, muchas se escaparán a la realidad y otras se quedarán en el camino de la sinceridad.

Pero esas serán tus nuevas experiencias, porque si ya las viviste una vez, seguro que la sentiste y ese sentimiento puede resurgir de nuevo. Así que no haría falta experimentar de nuevo, sino disfrutar escuchando a los que crees tuyos y dejar que el alma vuelva a sentir, sin prisa, que la prisa mata. Aunque estés dejando escapar la oportunidad de volver a sentir, de volver a vivir lo que un día ya viviste.

Todo esto surge por un pensamiento que andaba en mi mente desde hace tiempo, ¿qué pasaría si un día despiertas y no recuerdas nada? Y quizás este falso sueño me dio la respuesta, aunque solo quizás.

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